Vanesa Celedonia

Esta mañana peinaba a mi hija pequeña para ir a la escuela. Mirábamos a una mariposa que estaba pegada al ventanal, por fuera, con las alas muy extendidas... 
-Mira que ojo tan chiquitito tiene, mamá. ¿Podemos ponerle nombre?
-Claro, a mí me gusta Celedonia
-A mí Vanesa
-Pues entonces Vanesa, pero tienes que cuidarla y protegerla de los gatos
-¿Por qué, no les gustan?
Y en estas llegó la gata, la olisqueó, sacó la lengua y se la zampó, y le quedaron unos bigotillos alados y temblones a cada lado; y alrededor de ella un montón de gatos que acudieron a olerle el aliento.


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