Las Viudas


El llanto de las mujeres de la Almendra es amargo cuando enviudan y cada lágrima que penetra en el granito empreña la tierra. De ella nacerá una varilla de metal que florecerá en los primeros días de la primavera. Creen los estudiosos que la causa de este extraordinario fenómeno está en las almendras de la zona que, con más tino que el agua de la fragua, son capaces con su amargura de templar y fortalecer el ánimo más endeble. Se habla de ancianas  que al enviudar han alumbrado vástagos metálicos y vigorosos. Existe documentación abundante (que aún se disputan forenses, ingenieros y doctores) sobre el caso de una abuela, estéril y consumida, que al enviudar y poco antes de morir exhausta alumbró quince torretas que pueblan toda la margen izquierda del río. Desde entonces por toda la zona de la Almendra es relativamente fácil encontrar, cerca de los cauces y torrentes, retahílas de robustos muchachos y muchachas comiendo los mencionados frutos. Y en los días de viento hacen vibrar unos hilos con los que se atan los unos a las otras y de los que sacan extraños sonidos metálicos. Esos mismos hilos, al atardecer de los veranos, les sirven como trampa para atraer a los pájaros sin nido.



(ILUSTRACIÓN Y TEXTO: Isabel Castaño / FOTOGRAFÍA DE TORRETAS DE ISLANDIA: Jesús Calleja)

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